Tomaste mi mano. Te miré a los ojos. No entendía nada. Y rodeaste mi cintura, y tomaste mi barbilla, y me besaste en la boca. Y así te entregué mi vida. Y todo se oscureció, y ya no recuerdo nada, sólo caricias y besos, que poblaron nuestra cama. Luego el silencio, la paz, el abrazo prolongado. Y así me enseñaste a amar de la manera más clara.