Hoy recordaba ese martes cuando colmados de sueños esperamos nos dijeran que la vida florecía, que florecía el amor; que mi vientre era una gloria de esperanzas e ilusión.
Y así fue. Nos lo dijeron. Las risas, las lágrimas, tu, yo. No sabíamos qué hacer. Lo esperamos como a nadie, y un día.... Todo se iluminó. Y en él reconocí tus ojos, y la ilusión de los dos. Pocos añitos después, nuevamente nuestro amor floreció, y fue una niña quien nos colmó de alegría.
La felicidad, completa. Sólo quedó agradecer. Dios nos premió de por vida, con los hijos y el amor, que supimos proteger.